La playa

Siguiendo con mi periodo nostálgico.

Los días de playa me traen recuerdos de infancia. De esas interminables jornadas de domingo (eran domingos? Cuando una es pequeña y en verano, todos los días parecen iguales) en Ses Covetes, donde inexplicablemente sólo había cuatro familias contadas. Del olor a sal y a crema Nivea. Del sabor a filete empanado, trampó y tortilla de patata de mi madre. De la sombrilla de colores y el flotador de patito. Del largo camino de vuelta a casa, cuando mi padre nos sentaba en su regazo y nos dejaba llevar el volante del Seat 1430 (o era un 124?) por esas carreteras desiertas, mientras nos ponía música de Demis Roussos. Cuando nos parábamos en Sa Rápita a tomar un helado, en ese bar que tenía una discoteca en el sótano, y nos asomábamos a la escalera y pensábamos cómo sería entrar en un sitio de esos.

Son recuerdos en blanco y negro, de película de Super 8.

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